CATEDRALES DEL ROMANTICISMO ALEMÁN

Karl Friedrich_Schinkel: La ciudad medieval junto al mar, 1813

Estrasburgo, 1771

Al apearse del carruaje que le llevó hasta Estrasburgo en la primavera de 1771, el joven Goethe, convaleciente y poco entusiasmado con la perspectiva de iniciar sus estudios de derecho, se apresura a contemplar de cerca lo que ha adivinado en el camino, la mole de la catedral de Notre Dame, con su única torre y su fachada rectangular. En sus memorias de juventud Poesía y Verdad cuanta con detalle su relación con este coloso medieval. Lo vió al principio con el prejuicio común en su tiempo al contemplar el arte “gótico”, como lo denominó despectivamente Giorgio Vasari, el arquitecto e historiador del Renacimiento. Los italianos contagiaron a Europa su desprecio por este estilo, que desde su apego al clasicismo greco-romano veían como carente de proporción, excesivamente poblado de ornamentos, una mezcla de estilos incompatibles: “monstruoso”, como lo califica el propio Goethe. En sucesivos paseos matinales, a veces en compañía del fundador del romanticismo alemán, Gottfried Herder, el curioso estudiante aprende a considerar la catedral con detalle, la perfecta simetría de la fachada y su armonía con el entorno, el poder de la torre que escaló más de una vez, las estatuas sabiamente combinadas con las líneas verticales de los pilares, el alma del arquitecto que adivina realizada en el conjunto armónico. Con el tiempo, nuestro autor acaba por sucumbir a una especie de “revelación”, seducido por la esbelta catedral. La absuelve de los pecados que la cultura burguesa asignaba al gótico en su conjunto y declara que lo que hasta ahora ha considerado “arquitectura gótica” debería pasar a llamarse “la arquitectura alemana de nuestra nación”.

Esta tardía adoración del arte gótico debemos comprenderla como una primera embestida contra el clasicismo, con la que Goethe se disponía a inaugurar el Sturm und Drang, la rebelión de la cultura de Alemania contra las modas francesas que la habían dominado culturalmente por siglos y que acabaría alumbrando al nacionalismo romántico, hijo del resentimiento por la invasión napoleónica. Durante los años de caos causados por la ocupación francesa el arquitecto Karl Friedrich Shinkel tuvo que conformarse con ganar el sustento dedicándose a la pintura. Viajó a Italia en 1803-05 y a la vuelta produjo más de un cuadro donde se puede contemplar la curiosa transición hacia el redescubrimiento del gótico por los románticos. En La catedral sobre una ciudad, de 1813, consagró el estilo medieval bajo su luz más brillante, en un contexto de paz, un mar en calma, una luz crepuscular y un templo que muestra orgulloso el delicado ascenso de unas torres edificadas como encaje translúcido. Shinkel quería simbolizar así