{"id":1059,"date":"2023-07-16T11:03:25","date_gmt":"2023-07-16T10:03:25","guid":{"rendered":"https:\/\/evolterra.com\/?p=1059"},"modified":"2023-12-26T10:00:12","modified_gmt":"2023-12-26T10:00:12","slug":"un-requiem-aleman","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/evolterra.com\/?p=1059","title":{"rendered":"UN REQUIEM ALEM\u00c1N"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400\">Bremen, 1868<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_724\" aria-describedby=\"caption-attachment-724\" style=\"width: 640px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-full wp-image-724\" src=\"https:\/\/evolterra.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2017\/09\/Bernardo_Bellotto_il_Canaletto_-_View_of_Vienna_from_the_Belvedere.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/evolterra.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2017\/09\/Bernardo_Bellotto_il_Canaletto_-_View_of_Vienna_from_the_Belvedere.jpg 640w, https:\/\/evolterra.com\/wp-content\/uploads\/sites\/16\/2017\/09\/Bernardo_Bellotto_il_Canaletto_-_View_of_Vienna_from_the_Belvedere-300x188.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 709px) 85vw, (max-width: 909px) 67vw, (max-width: 984px) 61vw, (max-width: 1362px) 45vw, 600px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-724\" class=\"wp-caption-text\">Canaletto: Viena desde el Belvedere<\/figcaption><\/figure>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Aparte de tratar los graves temas teol\u00f3gicos y organizativos de la Contra-reforma de la iglesia cat\u00f3lica, el Concilio de Trento (1545-1563) tuvo que tomar cartas en los asuntos musicales, que fueron importantes para el culto desde el cristianismo primitivo. En efecto, al final del primer milenio de nuestra era la iglesia cat\u00f3lica consolid\u00f3 su liturgia unificando los diferentes rezos y c\u00e1nticos que hab\u00eda desarrollado cada iglesia nacional o local en Europa, como hab\u00eda sido el caso en Espa\u00f1a del rito de tradici\u00f3n moz\u00e1rabe. Se estableci\u00f3 para todas una misa con unas partes fijas (el ordinario) y otras lecturas variables seg\u00fan las fiestas. A esta ordenaci\u00f3n hab\u00edan sobrevivido m\u00faltiples himnos que amenazaban con desvirtuar la deseada uni\u00f3n de todo el mundo cat\u00f3lico. Por esta raz\u00f3n el Concilio limit\u00f3 dr\u00e1sticamente el n\u00famero de c\u00e1nticos permitidos como oficiales o can\u00f3nicos, que quedaron reducidos a cinco. Entre ellos se mantuvo en la liturgia para la misa de difuntos el largo y truculento poema<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> Dies Irae, Dies Illa<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Su texto fue probablemente redactado por un fraile franciscano, Tom\u00e1s de Celano, que vivi\u00f3 entre los a\u00f1os 1200 y 1260, religioso influyente y activo en los asuntos pol\u00edticos de su orden. El <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Dies irae <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">es un espejo fiel de la sociedad medieval inestable y violenta que le toc\u00f3 vivir, envuelta en una aut\u00e9ntica guerra civil que manten\u00eda en vilo a una Europa que empezaba a resurgir econ\u00f3mica y culturalmente pero que carec\u00eda de una autoridad, en la que imperio e iglesia pugnaban por el poder entre s\u00ed y con reyes y se\u00f1ores feudales. Suena como una proyecci\u00f3n sonora y po\u00e9tica de todos esos terrores. Suenan las trompetas del juicio final y aparece un Dios justiciero e implacable que<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> confunde a los malditos y los arroja a las llamas voraces del infierno<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. El hombre grita <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">como un reo, con el rostro enrojecido por la culpa.<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> Ser\u00e1 un d\u00eda de la ira en que<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> los siglos se disolver\u00e1n en ceniza<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">, en que<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> el hombre culpable resucitar\u00e1 de la llama <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">y saldr\u00e1 de su tumba para ser juzgado estrictamente por un <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">rey de tremenda majestad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Cuando el juez se siente, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">lo escondido se mostrar\u00e1 y no habr\u00e1 nada sin castigo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Los fieles se reconocen culpables de los sufrimientos de Jes\u00fas en el calvario y claman desesperados: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">l\u00edbrame de la muerte eterna; s\u00e1lvame, fuente de misericordia<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Solo en un \u00faltimo verso se oye una voz que pide al justiciero que se apiade de los pecadores: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">perd\u00f3nalos, Dios de piedad y dales el descanso eterno<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Esta sobrecogedora diatriba se mantuvo en la liturgia cat\u00f3lica hasta muy recientemente, hasta el a\u00f1o 1970. Con pocas excepciones sirvi\u00f3 de acompa\u00f1amiento a los ritos por los fallecidos de cualquier condici\u00f3n y, tras la tersa versi\u00f3n gregoriana, fue convertida en m\u00fasica por los compositores sacros de los diversos estilos, reflejando el drama tr\u00e1gico en tonos acordes con lo que los versos evocan, incluyendo casi siempre abundancia de trompetas anunciadoras del juicio. Johannes Brahms (1833-1897) fue el compositor que m\u00e1s decididamente se pronunci\u00f3 contra tanto terror. Compuso un <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Requiem alem\u00e1n <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">que resaltaba, frente al miedo por el castigo, el consuelo del perd\u00f3n, la piedad con los que lloran y una idea de descanso eterno que no entiende la eternidad como un futuro de duraci\u00f3n indefinida sino como un presente absoluto presidido por la paz. Brahms fue siempre un m\u00fasico de gran seriedad, desde sus primeras obras. Sin duda, fue uno de los compositores m\u00e1s profundos y autocr\u00edticos de la historia de la m\u00fasica, aunque en lo personal sus escritos denotan un car\u00e1cter modesto y un humor socarr\u00f3n. Se consagr\u00f3 primero como pianista virtuoso y como compositor de m\u00fasica de c\u00e1mara, en la que cultiv\u00f3 los modelos cl\u00e1sicos, enfrentado a los compositores innovadores de la \u201cnueva escuela alemana\u201d seguidores de Liszt y Wagner. Era hombre t\u00edmido y reconcentrado, y tom\u00f3 como lema estas tres palabras:<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> libre pero solitario<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Y no es que no fuera sociable, simplemente ten\u00eda tal pasi\u00f3n por la m\u00fasica que rechaz\u00f3 cualquier atadura que pudiera mermar su capacidad creativa y su tiempo. No quiso empleos fijos, aunque acept\u00f3 compromisos temporales con las cortes de Lippe-Detmold y Meiningen. Tampoco quiso contraer matrimonio, a pesar de que se enamor\u00f3 repetidas veces. Su perdido amor por Clara Schumann acab\u00f3 en forzada separaci\u00f3n y una renuncia casi m\u00edstica al amor en aras del arte. Tuvo un encuentro desastroso con Franz Liszt en Weimar, pues se durmi\u00f3, seg\u00fan dicen, mientras el carism\u00e1tico maestro interpretaba su sonata en<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> si menor<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. En cambio, fue decisivo para su carrera conocer en 1853 a Robert Schumann, quien lo exalt\u00f3 como un genio en un famoso art\u00edculo: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">ha aparecido alguien que dar\u00e1 la m\u00e1xima expresi\u00f3n al esp\u00edritu de los tiempos: sangre joven a quien saludaron en la cuna las Gracias y los H\u00e9roes.<\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Johannes Brahms hab\u00eda nacido en Hamburgo en 1833 y all\u00ed pas\u00f3 sus a\u00f1os de aprendizaje musical, primero de la mano de su padre y m\u00e1s tarde bajo la tutela de Joseph Joachim, el violinista m\u00e1s famoso de la \u00e9poca. A pesar de sus notables \u00e9xitos iniciales, era extraordinariamente respetuoso con los compositores anteriores a \u00e9l. La sombra de Beethoven le pesaba demasiado y no se atrev\u00ed\u00f3 hasta muy tarde a componer sus cuatro sinfon\u00edas magistrales. Hizo algunas tentativas orquestales con sus <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Serenatas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> y con las <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Variaciones sobre un tema de Haydn<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Su primer concierto para piano y orquesta se interpret\u00f3 por primera vez en 1859 y cosech\u00f3 un sonoro fracaso; es de suponer que, como pasaba con cierta frecuencia, los int\u00e9rpretes no estaban a la altura de esta primera obra maestra. Resentido por no haber conseguido el puesto que merec\u00eda como director de la orquesta de su natal Hamburgo, decidi\u00f3 trasladarse a Viena. Fue el otro amor de su vida, tras el amor fracasado por Clara Schumann. All\u00ed se sinti\u00f3 a gusto dirigiendo coros femeninos y componiendo para ellos algunas de sus obras m\u00e1s logradas. Pudo ejercer en relativa libertad sus ideas liberales y cultivar una amplia cultura que hab\u00eda adquirido, como la m\u00fasica, como autodidacta, salvo algunos estudios de filosof\u00eda que pudo hacer en la universidad de G\u00f6ttingen. Como es sabido, la formaci\u00f3n cultural (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Bildung<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">) fue durante muchas d\u00e9cadas la v\u00e1lvula de escape de la burgues\u00eda en la Alemania de los \u201ca\u00f1os de fundaci\u00f3n\u201d, su \u00fanica manifestaci\u00f3n de poder en una \u00e9poca de bonanza econ\u00f3mica en la que, en cambio, el pa\u00eds segu\u00eda fraccionado en m\u00faltiples unidades pol\u00edticas sin verdadera influencia en el escenario europeo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Estando en Viena, Brahms recibi\u00f3 la noticia de la grave enfermedad de de su madre. Viaj\u00f3 a Hamburgo pero no pudo llegar a tiempo de acompa\u00f1arla. De su dolor dej\u00f3 como testimonio el maravilloso <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Requiem alem\u00e1n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> que dedic\u00f3 a su memoria y en el que se puso a trabajar desde su vuelta a Viena. Lo estren\u00f3 en Bremen en 1868 y fue un gran \u00e9xito de p\u00fablico y de cr\u00edtica, el primero que atrajo la atenci\u00f3n de toda europa hacia el modesto personaje, que s\u00f3lo hab\u00eda sido reconocido hasta entonces como pianista. Sorprende la madurez de esta obra larga, en siete movimientos con gran orquesta, coro y dos solistas, viniendo de alguien que s\u00f3lo se hab\u00eda atrevido con obras orquestales menores. Brahms ten\u00eda una orquesta en su cabeza, Schumann lo dijo cuando le oy\u00f3 interpretar para \u00e9l y para Clara una primera sonata suya: era en realidad, seg\u00fan escribi\u00f3, \u201cuna sinfon\u00eda disfrazada\u201d. La verdadera primera sinfon\u00eda no lleg\u00f3 hasta mucho despu\u00e9s, en 1876, cuando Brahms ten\u00eda ya 43 a\u00f1os. El compositor decidi\u00f3 entonces dejarse la barba florida con la que es reconocido en las primeras fotograf\u00edas de la \u00e9poca. Hab\u00eda decidido reconciliarse con su imagen de lobo estepario mientras lanzaba un mensaje de confianza concluyendo la primera con un<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> finale <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">que es un homenaje casi expl\u00edcito de la oda a la alegr\u00eda de la Novena de Beethoven, que Brahms hab\u00eda o\u00eddo de joven sobrecogido por la magnitud de la obra.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">El <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Requiem alem\u00e1n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> revela muchas cosas, aparte de la madurez de Brahms como compositor. En primer lugar, su conocimiento profundo de la Biblia, de la que el mismo entresac\u00f3 los fragmentos\u00a0 para componer su libreto, ajeno a la liturgia cristiana. Su infancia hab\u00eda sido regalada por los sencillos himnos de los servicios religiosos protestantes y \u00e9l hab\u00eda completado m\u00e1s tarde su formaci\u00f3n musical con Bach y H\u00e4ndel como gu\u00edas m\u00e1ximos de la t\u00e9cnica contrapunt\u00edstica. Como visi\u00f3n del mundo, el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Requiem <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">nos revela a un compositor que, aunque formado en la religi\u00f3n de sus padres, la profesaba con un alejamiento esc\u00e9ptico y quiso poner una distancia clara con los aspectos m\u00e1s terror\u00edficos de la misa de difuntos habitual en los cl\u00e1sicos. La selecci\u00f3n de textos es muy significativa, pues empieza y acaba con palabras de bendici\u00f3n: el coro entona en el primer movimiento una de las bienaventuranzas del serm\u00f3n de la monta\u00f1a (Mateo, V.5.): <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">bienaventurados los que lloran, porque ellos ser\u00e1n consolados<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Al final suena un vers\u00edculo del Apocal\u00edpsis (XIV.13):<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> bienaventurados los muertos que mueren en el Se\u00f1or&#8230;<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> Dentro de este marco, que da unidad tem\u00e1tica y musical al conjunto, Brahms eligi\u00f3 muchas alusiones al perd\u00f3n y a la paz, y muy pocas al juicio final, si bien tuvo que incluir, inevitablemente, una alusi\u00f3n a las consabidas trompetas. Estas, sin embargo, no suenan como anunciadoras de terror implacable, sino que evocan el consuelo de la salvaci\u00f3n:<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> os declaro un misterio: no caeremos todos dormidos sino que seremos transfigurados<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Este sexto movimiento acaba en un desaf\u00edo pat\u00e9tico con palabras de san Pablo (Cor.I.XV,54-55): <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">muerte, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 tu aguij\u00f3n? Infierno, \u00bfd\u00f3nde tu victoria?<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Jes\u00fas no es mencionado expresamente en toda la obra, pero su voz emerge consoladora en una cita del evangelio de san Juan (XVI.22): <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">ahora est\u00e1is tristes, pero yo volver\u00e9 a visitaros y vuestro coraz\u00f3n se llenar\u00e1 de gozo y nadie os lo podr\u00e1 arrebatar.<\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Sobre la mente de Brahms pesaban sin duda las palabras de uno de sus motetes m\u00e1s famosos (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Warum<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">?, op. 74), tomadas del libro de Job: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">\u00bfpor qu\u00e9 se di\u00f3 la luz a un infeliz y la vida a los que viven con el coraz\u00f3n turbado?&#8230;desean la muerte y no llega, cavan en su busca como si fuese un tesoro<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Como ha escrito Alex Ross, esta reflexi\u00f3n tan amarga aparece como subtexto de muchas de sus obras, incluida la pastoral segunda sinfon\u00eda. Para lograr esta s\u00edntesis de amargura y consuelo, Brahms tuvo naturalmente que prescindir en su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Requiem <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">de los textos de la liturgia. Giuseppe Verdi en cambio los adopt\u00f3 cuando compuso en 1874 su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Messa da Requiem<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> en memoria de Alejandro Mancini, el gran escritor del romanticismo italiano. El resultado fue una obra maestra, probablemente la cumbre del arte de Verdi como compositor, y a la vez un producto extra\u00f1o y ambivalente. Verdi fue como Brahms un compositor autodidacta y si se apart\u00f3 de la tradici\u00f3n vocal italiana no fue por razones te\u00f3ricas sino para hacerla progresar en dramatismo y musicalidad. Sin una idea musical preconcebida ni pretensiones filos\u00f3ficas, escribi\u00f3 en su primera etapa muchas \u00f3peras rom\u00e1nticas hasta que lleg\u00f3 a la cumbre de su estilo en 1871, cuando se estren\u00f3 Aida. Tuvieron que pasar muchos a\u00f1os hasta que volvi\u00f3 con dos aut\u00e9nticos logros como compositor:<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> Otello<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> en 1887 y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Falstaff<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> en 1893. Mientras tanto, parec\u00eda haber abandonado la composici\u00f3n pero produjo importantes obras de m\u00fasica religiosa, entre ellas sus<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> Quattro pezzi sacri <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">y el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Requiem<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400\">Esta obra impresiona en principio por su aparatosidad dram\u00e1tica. El <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Dies irae<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> estalla en bruscos acordes y veloces escalas que representan gr\u00e1ficamente los truenos y los rayos de una tormenta, mientras los coros gritan casi la desesperaci\u00f3n de los muertos que surgen de sus tumbas para recibir el castigo. Y sin embargo, entreverado en el resto de la obra afloran pasajes llenos de ternura. Para empezar, el introito surge de la nada con una suavidad que recuerda por textura y por tonalidad al inicio del inacabado <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">R\u00e9quiem<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> de Mozart. Pero hay m\u00e1s: en las espirituales intervenciones de los solistas a\u00fan dentro del Dies Irae (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">quid sum miser; salvame; recordare<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">) y sobre todo a partir del ofertorio y el emotivo Agnus Dei, predomina el sentimiento de consuelo. La truculencia vuelve al final pues as\u00ed lo exige inevitablemene la reaparici\u00f3n del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Dies Irae <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">en el n\u00famero final: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Libera me, Domine<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. Era inevitable que el gran compositor de \u00f3peras rom\u00e1nticas se atuviera al texto que ten\u00eda que transformar en m\u00fasica. Podemos imaginar que en el<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> Requiem<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\"> de Verdi hay tambi\u00e9n un subtexto, no tan pesimista como el que adivinamos en Brahms, pues revela una preferencia por la paz que aflora en la m\u00fasica en cuanto las palabras lo permiten. Otros compositores quisieron llevar este esp\u00edritu de descanso verdadero a sus consecuencias l\u00f3gicas y no tuvieron m\u00e1s remedio que suprimir sin m\u00e1s todo el alegato del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Dies Irae<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">. As\u00ed Gabriel Faur\u00e9, que produjo en 1888 el m\u00e1s pac\u00edfico de todos los Requiems y confes\u00f3, ante los que echaron de menos el t\u00edpico terror ante la muerte en su partitura:<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> es que as\u00ed siento yo la muerte: como una liberaci\u00f3n dichosa, como una aspiraci\u00f3n a la felicidad en el m\u00e1s all\u00e1<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">.<\/span><\/p>\n<hr \/>\n<p><span style=\"font-size: 10pt\"><span style=\"font-weight: 400\">(NEUNZIG, Hans:<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Johannes Brahms<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">; Rowohlt, Hamburgo, 1973.&#8211;ROSS, Alex: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Late Brahms<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Listen to This<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">; Fourth State, Londres 2003.&#8211;SALAZAR. Adolfo:<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> La m\u00fasica en la sociedad europea<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">; Fondo de cultura econ\u00f3mica, M\u00e9xico, 1946.&#8211;HOLLAND, Dietmar: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Vues non dogmatiques de la mort et du Jugement Dernier<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">; Notas a la grabaci\u00f3n del Requiem de Verdi en Deutsche Gramophon, 1980.&#8211;LOUIS, Remy: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400\">Gabriel Faur\u00e9<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">; Notas a la grabaci\u00f3n del Requiem. Aria music, 1996.&#8211;HINDLEY, Geofrrey ed.:<\/span><i><span style=\"font-weight: 400\"> The Larousse Encyclopedia of Music<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400\">; Hamlyn, Londres 1978)<\/span><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bremen, 1868 Aparte de tratar los graves temas teol\u00f3gicos y organizativos de la Contra-reforma de la iglesia cat\u00f3lica, el Concilio de Trento (1545-1563) tuvo que tomar cartas en los asuntos musicales, que fueron importantes para el culto desde el cristianismo primitivo. 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